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 Francisco Jose Diaz Alvarez en Doctoralia
 

QUÉ ES LA ANSIEDAD

QUÉ ES LA ANSIEDAD

Con este texto de los autores Carmen Sevillá y Juan Pastor que aparece en su libro Tratamiento Psicológico de la Hipocondría y la Ansiedad Generalizada, se explica de manera muy didáctica en que consiste la ansiedad. Se habla primero de la cualidad adaptativa de la misma, de su utilidad para nuestra supervivencia, para después explicar el concepto desde un punto de vista patológico. Cuando logramos entender su mecanismo de acción podemos comenzar a aceptar que no podemos eliminar la ansiedad, pero sí controlarla dentro de unos límites aceptables que nos permitan vivir con ella y utilizarla incluso como recurso positivo.

“No era muy alto, andaba encorvado, su cara era simiesca e iba vestido con un primitivo taparrabos de pieles. En su brazo derecho portaba una rudimentaria lanza acabada con una punta de piedra. Caminaba con cautela acompañado de su grupo de caza. En medio de la espesura de un bosque primigenio, verde e infinito. De pronto, los arbustos se movieron escasamente a un metro de distancia y apareció la cabeza de un enorme tigre de dientes de sable. En fracciones de segundo, un espasmo eléctrico recorrió su enjuto cuerpo. Y decidió que la mejor estrategia era huir del monstruo felino. Su cuerpo se vio invadido por una energía inusitada que movía sus piernas a una tremenda velocidad. Pronto estuvo a salvo encaramado a la copa de un árbol.

Andaba relajado. Se había levantado con tiempo, duchado y desayunado con tranquilidad. Y caminaba con buen humor hacia su trabajo. Como cada mañana en los últimos diez años cruzó aquel semáforo en verde, pero más que ver, percibió que un coche, haciendo caso omiso de la luz, avanzaba hacia él a toda velocidad. Algo ocurrió dentro de su cuerpo. Una energía inconmensurable le invadió y le hizo moverse a la velocidad del rayo. Por centímetros esquivó la mortal embestida y salvó su vida.

Hay 40.000 años de diferencia entre estos dos ejemplos. Sin embargo, aquel hombre primitivo y este hombre moderno salvaron sus vidas a través del mismo mecanismo: LA ANSIEDAD.

La ansiedad es el principal mecanismo de supervivencia con el que nacemos. Está ahí porque ayuda a sobrevivir. La especie perdura gracias a la ansiedad. Cada vez que percibimos peligro hay una serie de cambios en nuestro organismo que nos ponen en las mejores condiciones para ejecutar los dos tipos de comportamiento que aumentan las probabilidades de sobrevivir: LUCHAR O ESCAPAR. La ansiedad goza de una mala prensa. Es más, incluso está asociada a una leyenda negra, pero lo cierto es que sin ansiedad no podríamos vivir. Cualquier situación nueva o mínimamente amenazante suscita ansiedad. Es parte de nuestra dotación genética. Es uno de los mecanismos que la naturaleza y la evolución han diseñado para garantizar la supervivencia.

Todo empieza en nuestro cerebro. En cuanto percibimos peligro, esta señal de amenaza es recogida por una de las estructuras más antiguas de nuestro sistema nervioso central, que a su vez, genera unos mensajeros químicos, llamados neurotransmisores, que enervan nuestro sistema nervioso autónomo, y todo nuestro cuerpo se pone en acción para afrontar la amenaza. Aunque parezca difícil de creer, y a menudo desagradable e incómodo, cada una de las sensaciones corporales que notamos tiene como misión blindarnos y activar el programa de supervivencia. A continuación describiremos y explicaremos las principales sensaciones que notamos cuando estamos ansiosos y su explicación en términos de respuesta de ansiedad.

TAQUICARDIA, PALPITACIONES, OPRESIÓN EN EL PECHO, DOLOR EN LA REGIÓN PRECORDIAL.

Cuando nos ponemos ansiosos, el cuerpo se prepara para la actividad física. Los músculos se alimentan de azúcar y de oxígeno, y ambos elementos llegan a través de la sangre. El flujo sanguíneo tiene que aumentar y la forma de conseguirlo es que el corazón vaya más rápido. Cuando el corazón va a más velocidad durante un rato, según la susceptibilidad de cada persona, se pueden notar estas sensaciones.

AHOGO, MAREO, DIFICULTAD PARA RESPIRAR, SENSACIÓN DE IRREALIDAD, OPRESIÓN EN LAS SIENES, CAMBIOS DE CALOR A FRÍO.

Como necesitamos más oxígeno, involuntariamente respiramos más rápido. Pero si este oxígeno extra no se usa haciendo actividad física, nos hiperventilamos. Es decir, hay mucho más oxígeno en la sangre del que necesitamos y aunque esto es totalmente inocuo puede provocar todas estas sensaciones y más.

TENSIÓN MUSCULAR, DOLOR EN LA CABEZA Y ESPALDA, CONTRACTURAS, CALAMBRES, TEMBLORES Y SENSACIÓN DE PIERNAS DÉBILES.

Cuando estamos ansiosos se supone que vamos a entrar en acción, a huir y a luchar. Ambos comportamientos implican intensa actividad física. Aunque no queramos, nuestros músculos se tensan. Si esta tensión se mantiene durante un buen rato sin que los músculos se usen en actividad física intensa, pude aparecer todas estas sensaciones.

SENSACIÓN DE IRREALIDAD, PERCEPCIONES EXTRAÑAS, DESCONTROL EN LOS PENSAMIENTOS.

Cuando estamos relajados y bajo control, nuestro cerebro está gobernado por las zonas rectoras, principalmente por el neocórtex frontal. Pero cuando estamos muy ansiosos, son otras zonas las que toman el control, zonas tan antiguas que los neurólogos denominan el cerebro reptiliano. Son estructuras anatómicas que están en lo más profundo de nuestro cerebro como la amígdala y el locus coeruleus. Cuando estas zonas toman el poder, el funcionamiento de nuestro cerebro cambia, es menos racional y está regido por mecanismos más primarios. Hay gente, especialmente sensible, que nota claramente este cambio de programa y se sienten raros; no se reconocen a sí mismos o pueden percibir la realidad de manera distinta. No es peligroso, durará poco, pero puede ser perturbador.

BOCA SECA, SENSACIONES EN EL ESTÓMAGO, NÁUSEAS, ESTREÑIMIENTO, DIARREA.

Al ansiarnos, el sistema digestivo se paraliza. Comer es importante, pero l es más para sobrevivir no ser devorado por un depredador. Así que, el sistema digestivo cesa su actividad y, según en el punto que estemos en el proceso de alimentarnos, notaremos unas sensaciones u otras.

CAMBIOS EN LA TEMPERATURA.

Como la sangre se acumula en las vísceras y en los músculos, la temperatura interior aumenta. La gente ansiosa se queja de calor y cuando nuestra tempera tura sube hasta un determinado punto, los sistemas de refrigeración se ponen en marcha y empieza el sudor. Al mismo tiempo, el aporte de sangre a las zonas periféricas se reduce, con lo cual se puede notar frío en las extremidades, y el sudor tornarse frío cuando atraviesa la piel.

PÉRDIDA DE SENSIBILIDAD EN ZONAS SUPERFICIALES

Con el objetivo de no desangrarnos si somos heridos en la lucha, al estar ansiosos, se produce una vasoconstricción en las venas y arterias cercanas a la piel. Al disminuir el riego sanguíneo nuestra piel se enfría y personas especialmente reactivas pueden sufrir pérdidas de sensibilidad e incluso parestesias, que se nos duerman las manos, la cara o los pies.

CAMBIOS EN LA VISIÓN, SENSACIÓN DE QUE LA LUZ MOLESTA, MANCHAS EN LA VISIÓN.

En plena ansiedad, y con el objetivo de emplear nuestro campo visual para no ser sorprendidos por el enemigo, las pupilas se dilatan. Habitualmente la dilatación pupilar está controlada por la intensidad de la luz. Así pues, las pupilas pueden entrar en conflicto recibiendo dos mensajes contradictorios, el que proviene de la respuesta de ansiedad y el habitual que proviene del grado de luminosidad ambiental. Ante esta confusión, el mensaje que recibe nuestro cerebro es confuso y la calidad de las imágenes que se decodifica es muy baja.

Una característica genuina de la ansiedad es su corta durabilidad. Es un mecanismo muy potente que puede dispararse a altísimas intensidades pero nunca durar mucho. La explicación es muy sencilla. Cuando hay un peligro, la reacción no puede ser larga. Da igual si es luchar contra una fiera salvaje o esquivar a un coche. El desenlace ocurrirá rápido. Esta temporalidad corta está basada en las características de nuestro sistema nervioso. El sistema nervioso autónomo, que da base biológica a todos los cambios corporales, bioquímicos y hormonales que producen la ansiedad, está a su vez basado en dos subsistemas: EL SISTEMA NERVIOSO SIMPÁTICO Y EL SISTEMA NERVIOSO PARASIMPÁTICO. El primero, el simpático, activa el proceso generando la ansiedad, y el segundo, el parasimpático lo controla. Este control va a provocar dos efectos: que no dure demasiado tiempo y que la intensidad del malestar no llegue a ser tan alta que nos pueda dañar. Lo que nos lleva a otra característica de la ansiedad que muy poca gente conoce: QUE ES INOCUA, QUE NO NOS PUEDE HACER DAÑO. ¿Qué sentido tendría que aquello que la naturaleza ha diseñado para protegernos, nos hiciera daño? Ninguno. Durante toda la evolución de nuestra especie, hemos vivido en todo tipo de condiciones, edades y escenarios, acompañados de la ansiedad. Y ésta jamás ha interferido en nuestro desarrollo. En resumidas cuentas, la ansiedad no puede durar mucho tiempo y nunca nos puede hacer daño.

La ansiedad tiene su razón de ser cuando afrontamos situaciones peligrosas, circunstancias en que nuestra vida corre realmente peligro, pura evolución. Pero, ¿qué pasa cuando el programa de ansiedad se conecta ante situaciones que no son peligrosas? Aquí, en estos casos, no podríamos hablar de ansiedad, sino de trastornos de ansiedad. Un trastorno de ansiedad se podría definir como una reacción de ansiedad en principio  adaptativa, saludable, que se activa ante una situación no peligrosa, ante una situación en que no debería activarse. Por ejemplo, una persona con fobia a volar, percibe un avión como una trampa mortal y al procesar ese escenario como peligroso, la vieja respuesta de ansiedad aparece. La explicación a este proceso está en la conexión. El problema de esta persona no está en la bioquímica de su cerebro ni en que sus sistema nervioso autónomo se haya desregulado, sino que a través de determinadas experiencias educativas, conecto volar con peligro inminente. Esta es la razón de todos los trastornos de ansiedad. Las personas que los sufren asociaron las situaciones que les producen miedo con catástrofe, con horror, con peligro. El problema siempre es la conexión, nunca la propia respuesta de ansiedad, que por sí misma es natural y saludable. Así pues, tratamiento tendrá como objetivo NO ELIMINAR la respuesta de ansiedad, sino DESCONECTARLA de las situaciones aprendidas como peligrosas.

Hemos insistido en la idea de que la ansiedad no es peligrosa, aunque sí incómoda y desagradable. Por otra parte, en personas especialmente sensibles y que llevan mucho tiempo sufriendo un trastorno de ansiedad, podrían llegar a desarrollar algún desajuste psicofisiológico. Por ejemplo, sabemos que algunos problemas digestivos, como el colon irritable, pueden verse favorecidos por la ansiedad sostenida. O sucedería lo mismo con las cefaleas tensionales, la dermatitis atópica, el asma, o las alopecias. Probablemente lo que sucede es que la activación constante del programa de ansiedad acaba de alguna forma haciendo mella en el subsistema más débil de la persona. Un ejemplo que ayudará a comprender este proceso sería el que sucede en gente qu hace demasiado ejercicio físico. El entrenamiento y el deporte son saludables, pero cuando se abusa de ellos, y no se respetan los tiempos de recuperación adecuados, pueden llegar a provocar pequeños desajustes biológicos.”

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